Atras del mar; la esperanza corporea deleita el paladar con miles de estallos (pequeñísimos) y, con brutal entrega, brinda aquella paz contenedora.
Donde el silencio aturde dejando inmovil, y el abrazo del placer duerme cada terminacion nerviosa.
Donde la vista alcanza el negro absoluto, sufriendo la incertidumbre del flotar, y la certeza de la nada -tangible- lame la piel.
Donde los seres se resumen a su mitad; y el alma descansa de su intoxicante búsqueda...
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